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DIEGO CÁNEPA “ESTO ES LA REVOLUCIÓN”

publicado a la‎(s)‎ hace 23 horas por Semanario Voces

Durante los nueve años de Voces nunca lo entrevistamos y el hombre se tomó una cierta revancha haciéndonos esperar durante tres horas en el piso once de la Torre Ejecutiva.  Cabe acotar que la amansadora no nos predispuso positivamente, más allá de todos los preconceptos que llevábamos en la mochila sobre el prosecretario. Digno de su verborragia nos ametralló durante dos horas y media y con el grabador apagado seguimos charlando como dos horas más. Reconoció cierto temor al reportaje, alguien le dijo: “te van a destrozar” y mostró un nivel intelectual totalmente desconocido por nosotros. Cuando se lo marcamos nos respondió: “nadie me hace estas preguntas, me preguntan cualquier cosa como: ´¿Cánepa cuando es el fin del mundo?`”  Intentamos llegarle al hombre detrás del personaje, ustedes dirán si lo logramos. Así fue la charla con la “mano derecha” del Presidente. 

Por Jorge Lauro y Alfredo Garcia / fotos Rodrigo López
 

¿Vos venís de la militancia estudiantil?

A la Universidad llegué con diecisiete años y para mí fue un shock muy grande, en el año 90, cuando fueron las grandes marchas contra el presupuesto de Lacalle. En ese entonces Juan Carlos Raffo, senador herrerista y después ministro, dijo que había que ser insensible y tener piel de elefante para no sentir los reclamos de la Universidad. Se hicieron unas marchas impresionantes con gente muy joven. La crisis de la FEUU se había dado en el 89. Fruto de la caída del Muro, desapareció toda una generación, de hecho la FEUU no existió como tal entre el 90 y el 93. Nosotros somos la generación de la reconstrucción de la FEUU. Nadie reivindica esa generación que fue la que vino después de los popes. Cuando en el 85 vino la democracia fue la restauración. Grave error de la generación del 83 que cometió una restauración horripilante. Gran parte de los problemas de cambio que tenemos demuestran que después de la noche de la dictadura nuestro mayor invento y el mayor simbolismo del Uruguay era poner a los mismos. Una cosa muy uruguaya. Hasta las mismas personas, el mismo decano… En el 89 desaparece todo esto y en el 90 no había nada. Éramos un grupo de chiquilines que tuvimos mucha capacidad de construcción, con mucha involución, porque se volvió al “asambleismo” permanente, propio de la década del 50, no a las listas, no a los sectores, el gran error había sido de las juventudes políticas. El análisis de esa época estaba muy unido a un neoliberalismo que avanzaba con una lógica de individualismo muy fuerte, y la desestructuración de las organizaciones era muy grande. Ahora te dicen: “En el Frente no milita nadie”. Yo tenía diecisiete años y el gran debate de la izquierda era que nadie militaba. Y ahora tengo cuarenta y uno. A veces me causa gracia, porque es lo mismo que vengo escuchando desde que era un chiquilín.

 

¿Cómo te definís ideológicamente?

Me considero un post estructuralista y post marxista. Como todos los de izquierda, tengo una formación de base marxista en el análisis de la realidad. De hecho, el marxismo es el gran triunfador del siglo XX, al revés de lo que muchos dicen, porque logró que la política se transformara en una discusión de economía. Marx es un heredero neoclásico que toma la teoría de Ricardo y está contextualizado en una época muy positivista. No soy positivista en términos de una visión lineal de la historia en donde a partir de que pasó esto luego pasará esto otro. Para mí, aunque legitima, es una visión muy lineal.

 

¿Socialismo científico no?

No, no es que no exista. Hay que contextualizar en la época en la que se vivió. Así como Marx dice que hay que caracterizar la etapa histórica para comprenderla, a veces los marxistas se olvidan que hay que caracterizar la etapa histórica de Marx para comprender el alcance del marxismo. Y luego hay una evolución del marxismo y una aplicación práctica, que muchos sostienen no fue la que se tenía que hacer. Y soy post estructuralista porque creo en el estructuralismo como corriente filosófica de finales del siglo XX.

En términos políticos me considero un hombre de una izquierda izquierda. Y entiendo que hay izquierda y derecha muy claramente, y que implican la visión que se tiene sobre lo que se quiere construir, y no es solamente un discurso ideológico por cómo se entienden las relaciones de poder sino hacia dónde se quiere caminar. La construcción de igualdad no es el igualitarismo pero es el norte de cualquiera que se defina como de izquierda. Y esto es una lucha muy profunda de la humanidad, porque es la desestructuración de las jerarquías en la sociedad, y es lo que el Pepe resume al estilo artiguista cuando dice: “Naide es más que naide”, que es una concepción muy de fondo de construir una sociedad donde podamos encontrar una sociedad de iguales. Eso es lindo de decir y difícil de llevar adelante.

 

¿Esa diferenciación está bien alineada en el espectro político uruguayo?

En Uruguay hay un problema, todo el mundo tiene vergüenza de decir que es de derecha. Acá el país está todo corrido a la izquierda. Hasta la década del 30 y del 40 en el mundo decir que eras demócrata implicaba una discusión. Por eso existieron los totalitarismos fascistas, y para muchos compañeros de izquierda la visión era que se trataba de una democracia burguesa, que quería esconder y no generar la contradicción fundamental del sistema. Hoy, todos -desde la izquierda hasta la derecha- decimos que somos democráticos, y cada uno le da un valor y un contenido a esa democracia, pero hay reglas de juego comunes que todos entendemos y es un valor positivo. Ser de izquierda en Uruguay no es peyorativo, ni aún para la gente que no vota el Frente Amplio, pero muy poca gente se identifica como de derecha. La gran mayoría de los uruguayos dice que son de centro o de centro izquierda o centro derecha. Pero le ponen la palabrita “centro” porque al uruguayo le encanta quedar en el promedio. Esa es una cosa muy uruguaya. Acá hay clivajes distintos: derecha-izquierda, liberal-conservador. No toda la derecha es conservadora y no toda la izquierda es liberal. Acá hay derecha liberal y derecha conservadora. Y hay una izquierda más liberal y otra más conservadora. Hay clivajes que son aspectos culturales. Estar a favor o en contra del matrimonio igualitario. En la izquierda hay mayoría a favor, pero no hay unanimidad a favor; al igual que en el aborto donde tuvimos un presidente que lo vetó y hubo gente que sostuvo esa posición. En los aspectos culturales, como en el tema de la marihuana, existe una mayoría en el Frente Amplio, pero no hay unanimidad. Ahora, en términos políticos, no tengo ninguna duda, porque esa definición de Wilson –que era muy inteligente-: “No somos de izquierda ni de derecha, somos blancos”. Todo el mundo la considera una genialidad, pero es una forma de no contestar nada. Es lo mismo que decir: “No soy de derecha ni de izquierda, mido uno ochenta y tres”. La pregunta es cómo te parás. Y hay que asumir sin vergüenza las cosas. Es parte del debate que tenemos en Uruguay.

 

¿Socialista?

Sí, aunque es difícil decirme socialista. Creo que hay que construir una sociedad diferente a las bases que tiene esta sociedad, pero es una discusión más filosófica. En el corto plazo el tránsito que estamos haciendo es una discusión entre socialdemócrata y socialismo democrático.

 

¿Estamos mejorando el capitalismo?

No. Es una cosa rara, porque ¿qué capitalismo, el de ahora, el de hace treinta años? Si la pregunta es: ¿mientras exista la explotación del hombre por el hombre hay capitalismo?, les diré que por un tiempo muy largo vamos a estar dentro del sistema capitalista modificando sus condiciones. Siempre hay que ver en qué etapa estás. Ojalá yo tuviera los problemas de los noruegos o los suecos. Entonces la pregunta sería: ¿qué se tiene que plantear mi generación como objetivo para la etapa histórica en que vive? Tenemos que ir cambiando las condiciones e ir generando una sociedad que esté preparada para el debate. Pepe dijo que en una sociedad de pobres (en términos materiales), sin educación, sin capacidad de comprensión de la realidad, sin cosmovisión crítica, es imposible construir la igualdad. Porque la igualdad se da no solo en lo material, sino que se da en la capacidad de libertad que se tiene y la verdadera libertad la da la igualdad. Por eso, es falsa la oposición entre igualdad y libertad. Ahora te dicen que nosotros nos vendimos a la diosa igualdad; y ellos, los liberales, están con la diosa libertad. Es falso, la única verdadera libertad es cuando tenés construcción de igualdad. Mientras tanto, creer que se puede construir eso que creemos que es el socialismo, con esta realidad material y de valor de espíritu, es difícil.

La gran diferencia entre la izquierda y la derecha es que nosotros no somos conductistas. El conductismo es muy simple: “¿Qué te pasa?”. “Tengo este problema”. “Bueno, hacé esto y lo resolvés”. No va al fondo de la cuestión, va al síntoma. Eso es la derecha: “Hay que administrar esto para estar un poco mejor”. Es la superficie. Los que somos de izquierda tenemos la capacidad de saber que la realidad es cada vez más compleja y nunca estamos satisfechos. Esa  frustración solo puede asumirla una persona que tiene el bagaje cultural que le permite asumir esa frustración sabiendo que es parte de un proceso histórico que no empezó ni terminará con él. Y eso es lo más difícil de asumir en la construcción de un cambio.

 

¿Con nueve años de gobierno progresista, se avanzó o se retrocedió en el nivel de cosmovisión crítica?

Hemos avanzado mucho porque una parte del principio fue resolver algunos problemas inmediatos. Cuando el sueldo que tenés no te alcanza, tenés un problema muy grande porque no tenés tiempo ni cabeza para otra cosa que pagar las cuentas. Los bienes materiales no generan por sí solos cosmovisión crítica. Avanzamos mucho en esa capacidad de generar una sociedad con mayor cosmovisión crítica. Tanto que creo que lo mejor está por venir porque algunas de las generaciones que vienen -no solo por Ceibal sino también por la realidad que han vivido en su niñez-, de pronto no los más pobres, pero el promedio del “nuevo uruguayo” de que hablan las murgas, con una sensación de que Uruguay es un país más vivible donde pueden hacer cosas, va a pegar mucho más en las generaciones que vienen. El gobierno ha generado un cambio de humor en la sociedad uruguaya.

 

El proletariado explotado ha sido elemento de creación de conciencia y vos lo contraponés diciendo que hay que tener resuelto el comer todos los días para ponerse a pensar.

No para ponerse a pensar, pensar están pensando. El proletariado es explotado mucho menos que antes. La humanidad ha ido avanzando. Nunca aumentó tanto el salario de nuestro país como bajo el gobierno del Frente Amplio. Hay que ir muy atrás. En nuestro primer gobierno teníamos un acuerdo de recuperación salarial. Por primera vez, desde la vuelta a la democracia, estamos discutiendo cuánto aumentamos el salario real por encima de la inflación.¿Eso es que se terminó la explotación? No, pero es un avance que en la redistribución de la riqueza el primer paso de aumento de igualdad en la sociedad se da a través del salario. No es el único camino, pero es el primer camino que genera poder avanzar en una sociedad de construcción de mejores condiciones materiales para el resto. Ahora, el camino no es lineal.

 

Con ochocientos mil trabajadores por debajo de los 14.000 pesos, no parece tan lineal.

No tengo esos números. Estamos hablando de un costo de vida que es alto en Uruguay. Nadie te dice que puedas vivir con ese salario pero estamos viviendo en un Uruguay distinto al de hace diez años. Un policía, en pesos constantes, al ingreso ganaba menos de 5.000 pesos, y hoy, ingresando a la Policía como agente de segunda, cobran arriba de 20.000 pesos, en términos constantes.

Un médico recién recibido, cuando iba a trabajar a Salud Pública, ganaba un salario entre 3.000 o 4.000 pesos, y hoy está arriba de 30.000 pesos.

 

 ¿Es suficiente?

 No, hay que seguir mejorando, sin duda. El gran debate que tenemos subyacente en la izquierda -más allá del juego de la política a ver quién es mejor- en que muchas veces estamos de acuerdo a dónde tiene que ir el penal pero la pelea, es a ver quién lo patea, porque el diario del otro día va a poner la cara del que pateó el penal. Y entonces, como la política también es la foto, muchas veces el debate es porque la gente sepa quién lo hace y no qué hacer-, el debate de fondo que tenemos con los compañeros del Frente Líber Seregni no es la discusión de cómo se maneja la economía en términos de macroeconomía. Entonces la derecha dice que hacemos lo mismo que ellos. No, la macroeconomía ordenada es lo que garantiza las condiciones de crecimiento, porque da la estabilidad y certidumbre que es clave en la economía actual globalizada. Eso es necesario, porque en un país como Uruguay es obvio que en esta etapa histórica se necesita inversión extranjera y nacional (nunca en la historia del Uruguay se invirtió tanto como bajo estos gobiernos). La discusión es cómo se redistribuye la riqueza. La política salarial, que es un gran debate porque eso afecta la macro, lo que se llama masa salarial global…

 

La masa salarial no ha llegado ni a los niveles de los años 90.

No, está por encima. En términos de salario real, estamos llegando a los niveles que teníamos a finales de la década del 60. En el 2005 ordenamos la casa, salvamos la emergencia social y generamos una política social con fuerte impronta de darles un espacio de poder a los sindicatos -aunque a veces se va de rosca también- y, como no creemos en la teoría del derrame, lo que hay que hacer es tener una macroeconomía ordenada, una base impositiva que genere eficiencia y por eso hicimos la reforma tributaria y tenemos que tener un gasto público social del que en esta etapa se está discutiendo la calidad.

Ya no es solamente cuánto gastamos sino qué impacto tiene el gasto. Hasta ahí estamos todos de acuerdo en el gobierno. El problema es que el ciclo de construcción de igualdad a través del circulo macro ordenado y redistribución a través del gasto público social, en mi opinión, tiene un límite de capacidad de redistribución en la sociedad. En un momento determinado, Uruguay está entrando en algo que es un tema de texto. En el mundo está escrita la trampa de la renta media. En 2004 nuestro país ya venía con el repunte del piso de 2003, estaba en unos 13 mil millones de dólares de PBI. A través de la redistribución del gasto público no podemos mantener un cambio y generar mayores condiciones de igualdad en la sociedad aunque todavía tenemos margen para cinco o diez años mejorando la eficiencia del gasto. Tenemos un déficit conceptual importante. Hemos tenido triunfos enormes y el equipo económico ha sido clave en eso porque lo ha manejado muy bien. La discusión es más profunda. Sabemos que hay condiciones de crecimiento, macro ordenada, reglas de juego, no me pongan más impuestos, etc., pero mejoramos el índice de Gini, que mide la desigualdad, entonces nos dicen: “Sigamos la misma línea en el mismo modelo, porque seguimos mejorando”. Pero creo que no vamos a seguir mejorando así hacia el futuro. Y Uruguay, aunque es el país más igualitario de América Latina (ya lo era antes del Frente Amplio, pero hoy lo es más que antes), dentro de Europa, pese a su crisis, sería uno de los países más desiguales. Por lo tanto, aún estamos muy lejos. No estoy diciendo que quiero ser Noruega o Suecia, no podemos llegar a los nórdicos, que es nuestro norte. Todavía tenemos que hacer cambios estructurales en esta etapa histórica para generar más igualdad y hay margen para hacerlo, pero llegamos a un tope.

 

¿Cuáles son esos caminos? ¿La renta media?

No, la trampa de la renta media pasa en el mediano plazo por el problema de la educación. Hay un problema muy fuerte en la productividad en la sociedad uruguaya. Queremos vivir como noruegos y trabajar como los uruguayos. No se puede así. Cuando Pepe dijo que éramos atorrantes, le saltaron diciendo: “Ah, yo trabajo dieciocho horas por día”. No se trata de la cantidad de horas que trabajás, es el producto que sale al final de tu trabajo. Los niveles de eficiencia y productividad están muy vinculados a la educación y a un cambio de cabeza. No se puede vivir en términos materiales por encima de lo que se es capaz de producir. Eso pasa en tu casa y pasa en el país. Un país, para hacer sustentable este crecimiento económico en el largo plazo, no solo lo logra mejorando la eficiencia de nuestra explotación de bienes primarios, sino también generando mayor valor agregado. Hay que generar una ética de trabajo diferente. A nuestras generaciones nos tocó el trabajo de hacer una transición hacia un país distinto, y para eso hay que echar el lomo, poner mucho más de lo que ponemos. Me va a putear mucha gente y me van a decir que es lo peor que les podemos decir a las personas en una campaña electoral. Y no solo con esto se va a solucionar pero la diferencia es la productividad. Todos estamos de acuerdo en que hay que mejorar la productividad pero necesitamos un acuerdo de los empresarios y de los trabajadores. Yo creo que Uruguay tiene una estructura de aporte económico que todavía hay que discutir. Todavía hay margen, y hay que discutir cómo repartimos las cargas tributarias. Todavía hay sectores de la economía que siguen siendo muy pujantes y no se van a retraer porque puedan dar un aporte mayor de acuerdo al momento de la economía que estamos viviendo.

 

Ese es uno de los grandes puntos de fricción entre el equipo económico del Ministerio y la OPP.

No se trata de fricción, son visiones de cuáles son los momentos y los tiempos. Conmigo no hay fricción porque hay toda una cosa de que solo los economistas pueden discutir de economía, y yo no soy economista. Y si bien la política nace del derecho, yo no digo que solo los abogados podamos hacer política. Dejemos de lado la discusión técnica; la economía al final es política económica. La palabra política está antes de la palabra economía. Antes es: cuáles son los objetivos y cuáles los caminos. Los objetivos pueden ser comunes, pero muchas veces la discusión de instrumentos no tiene que ser ideologizada.

No necesariamente el mejor instrumento es el mejor instrumento hoy, aunque en la teoría sea el mejor. El mundo cambia rápidamente en su contexto económico. Hay que tener prudencia, gradualidad y adaptar tus propios cambios a los ritmos que te imponen las restricciones que tenés en un país de tres millones y medio de habitantes, con un Brasil que es nuestra China y la Argentina que tiene todos los bemoles que tiene.

 

Está complicado con Argentina.

Sí, pero no solo para nosotros. Acá se dice que todo esto es contra Uruguay. Y no es contra nosotros. La única medida que es claramente dirigida a generar una retaliación, fue la de algo que existía en el Mercosur, aplicarle a Uruguay unilateralmente un acuerdo de no utilización de bandera que inhibe al trasbordo de cargas argentinas en el puerto de Montevideo. No fue una medida para todo el mundo, sino dirigida a nosotros en un contexto que se está tratando de superar ahora. Negociación hay con todos los países, no solo con Argentina. Pero quisiera hablar de lo que hemos hecho en el Gobierno.

 

No cambiaron la educación y se metió plata a cara de perro.

Discrepo con el razonamiento que dice que como el presidente dijo: “Educación, educación y educación”, fracasó porque no se lograron los cambios que se debían lograr, porque no depende solamente del presidente. En este caso es en el que tienen menos capacidad de incidir un presidente y un gobierno. De acuerdo con la Constitución, la educación es autónoma y casi tiene el valor de la autarquía y la soberanía, cosa que no comparto. Sí comparto la autonomía universitaria porque la Universidad por definición tiene que crear conocimiento, y quienes crean conocimiento tienen que tener las garantías de una independencia absoluta del poder político que nosotros representamos. La Universidad es creación, trasmisión, investigación y extensión. Las universidades -públicas o privadas- son otra cosa, tienen que tener una garantía constitucional de libertad que está garantizada en una autonomía de hacer lo que quieren, en el sentido de hacia dónde tienen que investigar, qué es lo que tienen que hacer, cuáles son los planes. Pero en términos conceptuales y globales, en la educación primaria y secundaria no se crea conocimiento. Nosotros pasamos por la escuela y el liceo para aprender cuestiones elementales y básicas, y obtener herramientas para movernos en el mundo. Sé que es discutible mi opinión, pero no creo que no sea razonable discutir que no deban estar alineados a un proyecto de desarrollo del país, no de un partido. Ahora, mientras la Constitución diga lo que dice… No es nombrando a Netto, o no nombrándolo, que se cambia. Ahí tenés una línea, pero después hay una concepción autonómica tan fuerte que es muy difícil cambiar algunos elementos. Por ejemplo, arreglar los liceos. ¿Ustedes creen que el presidente es tonto? ¿Que no se daba cuenta que parecíamos tarados todos en el gobierno, que todo el mundo sabía que hay doscientos liceos que no se arreglaban todos los años y no los arreglamos? ¿Nos vamos a dormir y no nos enteramos que hay un liceo que está mal? ¿Cómo no lo arreglamos, si además no es tanta plata? Ah no, pero tiene que pasar por la sacrosanta ANEP, a través de su presupuesto. Lo hicimos vía CND (Corporación Nacional para el Desarrollo). Fue una guerra de un año de la estructura de arquitectura de ANEP en contra de que la CND tercerizara la ejecución de las obras por fuera de ANEP en un fideicomiso. Con toda la opinión en contra de los sindicatos. Fue una guerra civil. Fue un esfuerzo enorme del gobierno. Es complejo, porque eso que fue una ventaja se ha exacerbado en Uruguay. En todas partes del mundo un gobierno, a través de su ministerio de educación y cultura, define la política educativa. En Uruguay no. Pero voy a reconocer que pusimos mucha guita y no se obtuvieron resultados, aunque esto habría que discutirlo más en profundidad y no nos alcanza este reportaje. Pero ha habido muchos avances puntuales que no modifican lo global, pero la gravedad del problema de la educación está concentrada en Secundaria, que es un agujero negro. No significa que Primaria o la Universidad estén perfectas. Gran parte del fracaso de no haber encontrado una modificación de fondo a la educación es que hasta el día de hoy juntás toda la izquierda y preguntás hacia dónde tiene que ir la educación, y no hay acuerdo porque todos tenemos visiones muy diferentes. Hay definiciones muy diferentes de cuál es el consenso de la etapa.

 

¿Y eso no afecta la esencia del Frente?

El Frente tiene que tener acuerdo en los consensos de la etapa. No en hacia dónde quiera llegar cada uno en su etapa finalista. ¿Qué es lo que hizo nacer el Frente? Nos une un programa único -en ese momento, un candidato único- y después una visión común del momento histórico que estabas viviendo. Era el consenso de la etapa. El Frente corre el riesgo de no comprender que cuando hablamos de unidad hay que trabajar siempre en el consenso de la etapa. La gran prueba va a ser ver si cuando no estén estos monstruos vamos a seguir manteniendo un proyecto unido como lo han hecho estos viejos. Porque esto ha tenido muchos defectos, pero su principal virtud es que la unidad en la diversidad no se rompe. Y tiene una virtud que es que existe. En otros lados se ha desarmado. Y la unidad es una plantita que hay que regar todos los días. Lo que más me molesta del Frente Amplio es el grado de obsecuencia que hay donde se cree que cualquier persona, se llame Tabaré Vázquez, San Pepe o San Danilo, va a solucionar los problemas. Lo electoral ha comido la discusión política. Algunas discusiones son mala palabra y si las generas sos un hereje, empezás a ser un paria y te dejan fuera de la familia. Eso es lo peor que hay en el Frente Amplio.

Ustedes a veces juzgan en forma dura a los que estamos en el juego porque las condiciones y capacidades que se tienen para poder enfrentarse a determinadas realidades también es una cuestión de correlación de fuerzas. Si no se tiene esa correlación de fuerzas, no pelear esas batallas no es por falta de coraje, muchas veces es porque hay que medir cuál es el momento histórico en el cual se puede dar determinado debate. Dar los debates por darlos a veces es contraproducente.

 

Hay gente que se prendió de los cargos y la obsecuencia a los liderazgos es también para mantenerse en sus cargos.

Hay mucho de eso.

 

¿Se está creando una casta burocrática de izquierda? Para mucha gente vos sos uno de ellos.

Podría tener cualquier otra actividad en mi vida. No dependo de la política en términos de cargo. Me importa muy poco el cargo. Una de las razones por las que estoy acá es que Pepe tiene claro eso y cuando me tuve que ir, me fui de jefe de campaña de Marcos Carámbula y después me fui a mi casa. Los que dicen eso son los burócratas que no dan la cara, no están dispuestos a poner la cara para gobernar y no están dispuestos a jugársela porque en este mundo, ¿qué ganás poniendo la carita?

Muchos de nosotros, que hacemos este sacrificio personal (no es un verso, hay que tener vocación para hacer esto), podríamos estar en la actividad privada. Yo asumo una restricción de mi vida privada porque entiendo que tienen razón los que dicen que los que somos hombres públicos estamos bajo el escrutinio público. Es parte de las reglas de juego, pero no quiere decir que me guste. No hay una casta. Hay políticos y técnicos que han estado en cualquier gobierno porque muchos son necesarios. Es al revés, hay muchos compañeros de todos los sectores que están acá no por el cargo y han perdido muchas oportunidades en la actividad privada por quedarse en la política.

 

Hay muchos compañeros que están en un cargo porque no saben lo que hacer.

Ninguno está en un cargo de decisión importante del gobierno.

 

Podemos agarrar varios ministerios o la Intendencia.

La Intendencia de Montevideo es otra cosa, se da ese burocratismo de cargos. Hay muchos cargos políticos en la Intendencia por necesidad del Frente, no es necesario para la Intendencia. No es contra nadie, es contra el Frente Amplio. Ahí nosotros cometemos un error. Pero te voy a responder algo que me molesta cuando decís: “La gente dice”, pero ¿qué gente dice eso? ¿Quién interpreta al pueblo? ¿Qué encuestas? Hay mucho de microclima que ustedes también viven, que es el microclima de los informados. Son los que leen Voces, Búsqueda, los diarios, etc. Somos una ínfima minoría de la sociedad que nos damos manija entre nosotros. Y al final son los que están en el gobierno, los que están encaramados en la estructura política y los periodistas o los tipos que viven más cerca de este mundo. Este es un mundo pequeño, importante porque es formador de opinión y eso es poder. Hay mucho de juego perverso en este país. Este país es cholulo, te sacan fotos y te piden autógrafos porque te ven en la tele.

 

A vos te gusta salir en la tele.

Salgo en la tele porque fue una recomendación que me hizo el presidente de la República, que me dijo que había que salir y comunicar. Jamás he ido a un programa para hablar de temas que no fuesen políticos o de gobierno.

A programas largos de radio no voy, no doy reportajes escritos. Este es el primer reportaje que doy en cuatro años. Volviendo a lo anterior, no creo que en el Frente exista una casta, pero sí creo que corremos un peligro hacia el futuro que es cuando empezamos a achancharnos en la gestión de gobierno. No digo que haya pasado ni en este gobierno ni en el anterior. Pepe me dijo algo que me marcó: “El día que empecemos a sentir que tenemos respuesta para todas las preguntas, nos tenemos que ir”, por eso cinco años de gobierno está bien por más que seas el mejor haciendo la tarea. Después de un tiempo perdés la potencia de querer cambiar y empezás a tener el cinismo que te da el que ya conocés mucho. Y el otro peligro es que empezás a sentir una cierta impunidad, porque sabés cómo se hace algo. Es sano que vengan otros porque si no empezás a graduar y las cosas empiezan a ir más lentas de lo que deberían ir.

 

¿No pasa el nivel de organización política que tenga que venir otro partido a traer aire fresco?

Falta mucho en términos de que al Frente le pase eso históricamente. No está agotado el proceso histórico del Frente, ni aún en la Intendencia. Es sano para un sistema que los partidos y las elites roten en el poder. Todo tiende a anquilosarse si estás mucho tiempo en algo. En los gobiernos también es muy bueno que haya una era de gobierno. Van dos y seguramente creo que habrá tres y quiero que haya cuatro, cinco y seis y después recién hablar de esto. El Uruguay es así porque hubo un batllismo que gobernó casi treinta años en este país con política batllista, no José Batlle y Ordóñez, que gobernó dos veces.

Eso te da una capacidad de acumulación de política porque tampoco es muy bueno cambiar de política estratégica cada cinco años. Si el Frente gobierna veinticinco o treinta años seguidos al país, le da un basamento de línea estratégica, de visión de país, de tal manera que pasará lo que pasó con el batllismo. El batllismo acá se transformó en la identidad nacional y no en un sector político. Todos somos un poquito batllistas.

 

¿Se pueden echar para atrás cosas que ya se establecieron como la reforma tributaria, Plan Nacional de Salud, Plan Ceibal?

Imposible tirarlas atrás. No se pueden derogar, pero las pueden desnaturalizar. Profundizar es consolidar, no es una falsa oposición porque para poder ir a más tengo que tener la certeza de que no voy a ir a menos al primer cambio de viento que haya.

 

La matriz energética se ha marcado en una forma totalmente diferente y el que está de director de energía es el mismo que viene desde el gobierno anterior.

Sí, con un Ministerio de Energía, que no tiene nada que ver con el que estaba antes. Bajo este gobierno tiene un poderío, una capacidad, una triplicación de presupuesto. Porque se puede hablar de políticas públicas, pero si no está en el presupuesto, es discurso de boliche. El amor se demuestra cuando están los “chanchos”. Y si todo es prioridad, no hay prioridad, y no es un juego de palabras, es la realidad. Ordenamos algo que es muy difícil en Uruguay. Teníamos un problema conceptual muy grande, como las empresas públicas se habían desarrollado tan fuertemente en los últimos años, se daba la paradoja que los que son efectores de política se transformaban en diseñadores de política porque tenían la mayor cantidad de técnicos y estaban mucho más fuertes que los ministerios.

Hoy estamos recuperando el control de diseño de política porque está claro que el núcleo del gobierno son los ministerios donde se diseñan las políticas. El Ministerio de Salud Pública tiene quinientos funcionarios y ASSE tiene algunos miles, porque su rol no es dar la salud, es articular el Sistema Nacional Integrado de Salud y regular y articular la política pública. Ese fue un cambio que se hizo en este gobierno. Nunca se generaron tantas capacidades ni se fortaleció tanto la capacidad de diseño de políticas a nivel central del Estado como con nosotros. Nunca hubo tanta participación de la oposición en el gobierno como ahora.

 

Es fantástico participar a la oposición, pero ¿no hay que elegir mejor a los que nombran?

Hay un acuerdo político. Primero el presidente tiene que tener la voluntad de firmar, no es cualquiera. En la lista de las empresas públicas, si te doy las actas de las votaciones de los últimos cuatro años, en todos los temas el 95% de las votaciones fue por unanimidad en casi todos los entes.

El gran problema de la oposición es que no tiene un proyecto de país frente al nuestro. Ni siquiera tiene la visión.

 

En la educación, el Partido Colorado, con la reforma Rama, tenía un proyecto educativo y la izquierda retomó muchas de esas cosas.

No era el Partido Colorado, Rama tenía un proyecto. Te pongo un ejemplo: ¿dónde están los que dijeron que había que privatizar las empresas públicas? Lo piensan, pero nadie se anima a decirlo. La agenda de los últimos diez años en el Uruguay es la del Frente Amplio. Nadie nos va a ganar sin una fotocopia nuestra. Si el eslogan de la oposición dice: “Lo queremos hacer mejor”, entonces asumís que la esencia estratégica del país la tenemos nosotros. Hasta que llegó el Frente Amplio, este país estuvo veinte años sin rumbo. Más allá de la gran virtud del Dr. Lacalle que pateó la puerta para estar en el Mercosur. No hubiéramos estado en el Mercosur sin él, y es un gran reconocimiento que hay que hacerle al Dr. Lacalle porque es muy bueno para el país.

 

El Partido Blanco en el tema de relaciones exteriores tiene una agenda diferente a la del Frente.

¿Cuál? No tiene sustentabilidad. Dicen cosas que en Uruguay son ridículas, como por ejemplo: “Vamos a abrirnos de Brasil y Argentina y vamos a firmar TLC como hacen en Chile”. ¿Quién va a firmar un TLC con un mercadito de tres millones y medio de habitantes? Si viene es porque quiere entrar a Brasil. Si no entendemos de dónde venimos, de dónde somos, qué somos, realmente estamos liquidados. El Mercosur es una realidad y ser parte de la región es una realidad geopolítica profunda. En una campaña electoral podés perder una elección, pero no ganás una elección con una campaña electoral en Uruguay. Ganás por la acumulación de un proyecto que quiere la gente. El Frente representa una concepción y un proyecto con sus defectos, pero una visión de cambio del país que los partidos tradicionales agotaron. Ahora les falta mucho para generar una visión alternativa.

 

Esa visión que no existe, tiene la mitad del electorado.

Porque para muchos por ahora nosotros en el gobierno transformamos a Uruguay en Corea del Norte, y hay un 40% del país que nos va a votar. También hay un 40% que si en cinco años nosotros transformamos a Uruguay en Noruega no nos va a votar porque en Uruguay las ideologías existen y los partidos son muy fuertes.

 

Y los partidos tienen un anclaje muy importante.

Exactamente. Hoy, todos los que se autodefinen como frenteamplistas tienen una satisfacción enorme de cómo funciona el Frente Amplio aunque siempre hay peros. La militancia fue una minoría de la sociedad y somos marcianos frente a la gente normal. En el Frente, a pesar de esa insatisfacción, la gente se siente perteneciente a algo común. El tipo critica todo, pero se para desde adentro sintiéndose parte de ese colectivo. Eso es muy particular en Uruguay, que se ha transformado en nuestra tradicionalización. El tipo se saca la responsabilidad de todo lo mal que está, la critica y al mismo tiempo lo habla con el sentimiento de enojo de sentirse parte del proyecto.

Lo que es más sano hoy en el Frente es que hay muchos más frenteamplistas que personas vinculadas a los sectores frenteamplistas.

 

¿Por qué dejó de crecer por primera vez el Frente Amplio después de la llegada al gobierno?

No se construye una sociedad con un triunfo por encima del 50% dos veces. No se daba desde la década del 40 en Uruguay, por eso no se dio. Lo increíble es que hoy lo que se discute es si ganamos en primera o en segunda vuelta después de dos gobiernos. En términos políticos después de diez años de gobierno es si va a tener mayoría parlamentaria o no la va  a tener. Nadie duda de que es difícil que perdamos las elecciones, nadie duda que pase lo que pase la primera fuerza política sigue siendo el Frente Amplio. Eso es un activo.

 

Si tenés una buena gestión no tenés por qué decrecer.

No, eso es matemáticas no política. La gestión es una condición y no es suficiente. Ganás con obras y gestión en las intendencias, el gobierno nacional lo ganás si enamorás a la gente cuando ve lo que hiciste y te da la legitimidad de creerte, pero también ve y sabe que vos sabés adónde querés ir. Una campaña no es solo mostrar lo que hiciste. Lo que hicimos me da la legitimidad para decir qué quiero seguir haciendo y adónde voy.

 

Parecés el Pepe en no mostrar lo que hiciste y querer proyectar lo que vas a hacer.

Muestro lo que hicimos.

 

El cambio cultural no se ha logrado y ahí están las fallas en la educación y no lográs enamorar a la gente. El gran debe de la izquierda gobernando ha sido mucha gestión pero…

Creo que sí enamoramos a gran parte de la gente, si no, no se sostendría lo que pasó. Hablamos del enamoramiento de la gesta, con lo que significa el proyecto. Comparto que lo que no hemos construido es el relato de la gesta. Tenemos un defecto, hacemos mucho pero no está visto como una gesta. Eso tiene un peligro, el kirchnerismo, el chavismo o al anti pinochetismo tienen una épica brutal, pero tenés que tener determinados equilibrios para que la épica no te coma la realidad. Hay que lograr un equilibrio entre gestión y épica. El gobierno no es el que genera el cambio cultural, ese es el rol de la fuerza política.

 

¿La culpa es del Frente, entonces?

La fuerza política en vez de querer estar adentro del gobierno, ese no es el rol, hay un programa, hay un compañero y se hace el control de la línea pero no el control de la gestión. Eso es ridículo, no existe en ninguna parte del mundo. Tenemos que transmitir la defensa del gobierno y también la defensa de la alegría, de que más allá de la discrepancia yo soy parte. El típico frenteamplista dice: “No hicimos esto, lo otro”; “Estoy desilusionado porque no estoy viviendo la revolución que quería vivir”. Esto es la revolución, todo lo demás no es revolución. Todo lo demás es una explosión de energía sin organización y sin sentido. La revolución es cuando cambiás la realidad de verdad. La revolución es esto, es gobernar entendiendo los limites que se tienen en cada etapa y empujando esos límites sin resignarse a ellos sabiendo que construimos algo que tiene solidez y que no lo tira un soplo de viento mañana para atrás. No quiero vivir diez años desenfrenados de alegría y de mística y después vivir la restauración. Porque cada vez que hubo una revolución que se pasó de rosca después vino la restauración.

 

Todo se resume a dónde se encuentra el límite de la rosca.

Se puede estar insatisfecho, pero esto es mucho mejor de lo que teníamos antes. Con dudas, porque, ¿ustedes piensan que la política es agarrar un librito y tenés todas las fórmulas de lo que vas a hacer? No, la vida es mucho más compleja. Tenés un montón de temas que surgen que te obligan a modificar cosas para mantener el mismo rumbo. Uno de los grandes defectos de los políticos es que nos enamoramos de nuestros errores porque nuestra vida es convencer a otros porque estás profundamente convencido. El poder está en la ideas y en la capacidad de convencer. Creo que un gran salto cualitativo que debe dar Uruguay en el debate con la oposición es que no podemos ideologizar los instrumentos. Tenemos a veces diferencias ideológicas en los objetivos, pero la discusión de instrumentos es de qué instrumento es válido hoy y puede no serlo mañana. Podemos tener diferencias sobre qué es lo mejor en este momento, pero no se pone en discusión lo que estamos de acuerdo, sobre lo qué tenemos que hacer porque aún con las diferencias ideológicas en el tránsito de la etapa hay discurso de consenso de etapa en toda la sociedad uruguaya. Eso es parte del aprendizaje complejo del Frente Amplio en el gobierno. Es importante el esfuerzo de generar síntesis porque generás solidez en la política que seguís.

 

 ¿La estructura orgánica del Frente Amplio es democrática?

Es democrática. Hay que diferenciar lo electoral de los miembros del partido. En un partido el valor de quien es miembro del partido es distinto de quien lo vota. Hacia dónde va la organización política frente a la sociedad, lo define la sociedad, pero quienes tienen el derecho y la prioridad para discutir son aquellos que integran la organización política. Es la diferencia con la derecha. Nuestros partidos políticos no son partidos electorales nada más y por eso a la fuerza política le exijo porque no ha cumplido el rol de cambio cultural en la sociedad.

 

¿Existen veintiocho izquierdas diferentes? ¿Por qué existen veintiocho grupitos?

Porque tenemos una incapacidad de síntesis política en muchos aspectos. ¿Tiene sentido la existencia de la 5005 como una expresión de una sensibilidad de izquierda particular? No, pero sí representa a un sector de gente que vota a unos ciudadanos que tienen una expresión de determinadas figuras que quieren promover. En términos electorales soy tan válido como cualquiera; en términos de construcción política quiero ir a una síntesis. La 5005 no nació como un sector eterno. Se tiene que ir a una síntesis de sectores. La gente es la que define quién tiene que ir en la interna. La 5005 está en la mesa política y tiene un miembro votado en la interna y no todos los sectores; de noventa y ocho somos solo siete. Sin embargo, la 5005 como expresión política debería sintetizarse en una fusión con otros sectores.

 

¿Te parece lógico que en el Congreso tengan tanta representatividad determinados sectores que electoralmente son muy pequeños en el Frente?

En el Frente Amplio no manda el Congreso, manda el Plenario.

 

¿No sería lógico que el Frente se rigiera por la Constitución y usara la Convención?

No, eso es para definiciones electorales.

 

La representación que tienen los delegados de las bases es muy pequeña.

Es muy pequeña pero si no es a través de los Comités de Base -o a través de otra cosa- tiene que haber una expresión que sea diferente a la estructura partidaria aunque los partidos estén presentes en “las bases”. La estructura del movimiento tiene que tener una expresión en la estructura política de una organización que tiene características distintas. Acá hay mucha gente que es frenteamplista, que no es significativa electoralmente, pero que es muy significativa porque es la gente que ha sido la base de la construcción que tiene el Frente Amplio. El candidato del Frente Amplio se debe elegir no en un Congreso con esas características y creo que la elección del programa tiene que ser más en el Plenario que en el Congreso. No quiero que solo seamos los partidos los que dirijamos el programa. Todos sabemos que el Partido Comunista tiene un peso grande en la base, pero no es tan lineal. La base frenteamplista no es tan lineal como que el Partido Comunista da una orden y todos hacen eso. Hay tendencias, porque hay gente que por concepción política milita más. Creo que nosotros debemos generar una representatividad distinta que hay que buscarla, de militancia, de participación. Pero de participación, porque querer incidir en una organización y no estar en la organización, no estoy de acuerdo y creo que eso menosprecia el valor acumulativo que la gente de izquierda le damos a la organización.

 

Serás postmarxista pero en lo que cabe a la organización no sos postleninista.

Sí soy. ¿Quién dice que la única organización es la leninista? Las redes son un tipo de organización.

 

¿Sale Aratirí?

Sale. Se va a firmar el contrato, va a ser público, se van a tener que cumplir los pasos del contrato y lograr las autorizaciones ambientales previas.

 

Las organizaciones como por ejemplo la Dinama, ¿son suficientes para un proyecto de esta dimensión?

Se ha fortalecido mucho el Estado en estos últimos años. Tuvimos proyectos muy grandes como el de Botnia, que no ha salido nada mal y teníamos mucho menos preparación de lo que tenemos hoy. Lo mismo con Montes del Plata y ha sido cumplido a rajatabla. La experiencia de la regasificadora cumpliendo los estándares más altos a nivel internacional. Tenemos experiencia. En el tema minero no mucha pero se va acumulando, pero en los temas medio ambientales hay una acumulación de experiencia importante. Estamos preparados. Pero acá lo que no se ve es que cuando nosotros llegamos al gobierno teníamos una legislación del siglo XIX y un código minero antiguo. Hoy es uno de los más duros del mundo, el más alto es Australia con un 52% de canon; nosotros tenemos el 50%. Chile y Brasil no llegan al 30%, Perú no llega al 23%.

 

¿Si no hubieran pateado los ambientalistas, no se hacía?

No es así, la nueva ley de minería es un cambio estructural brutal que llevó dos años de trabajo. No menosprecio lo que hacen los ambientalistas, es muy bueno que sigan criticando, pero atrás del gobierno hay un proyecto. Hay un trabajo conceptual del gobierno llevado a una visión conceptual de país. Hicimos la ley de Servicios Audiovisuales, que se va a votar ahora. No es la mejor, pero todos están de acuerdo en que es mejor que la que hay en el resto de América Latina y es un paso adelante.

 

¿Por qué te critican tanto?

¿Quién me critica tanto? ¿Ustedes vieron críticas públicas? A veces es porque no se animan a criticar al presidente. Es mucho más fácil pegarle a quien esté al costado que a quien quieren pegarle. Y al eslabón más débil. Creo que es al revés. Tengo un sector político y sacamos un lugar en la Mesa Política, y hay gente que me vota. A muchos de esos que dicen no los veo presentándose o que alguien los apoye. No sé quiénes son los que me critican. La realidad la va a decir la gente.

 

Muchos dicen que Cánepa fue el que le impuso la marihuana a Mujica: “Eso fue un invento de Cánepa”.

Que yo estaba de acuerdo con hacer un proceso de generar un mercado regulado de marihuana, y fue mi posición desde el inicio del gobierno, es verdad. Pero todos los te que digan eso no tienen la más pálida idea de cómo es el señor José Mujica Cordano. Todo lo que pasa en este gobierno es lo que quiere que pase y decide el presidente de la República, que es quien manda en el gobierno y toma las decisiones. Y no hay nadie, ni Cánepa, ni Sendic, ni Astori, ni Lucía que le puedan imponer algo. Hay gente a la que él escucha, pero que le puedan hacer la cabeza -como dicen-, no existe. No existe, es una forma de desmerecer al presidente y es un error profundo porque es no conocer para nada a Pepe Mujica. Es la mediocridad y con eso no se discute.

 

¿Sos soberbio?

En muchas cosas parezco soberbio porque soy muy seguro de lo que pienso, pero tengo la capacidad de modificar mi punto de vista y cambiar cuando se me explica y convence racionalmente. Soy un fervoroso impulsor de la evidencia científica de la política pública pero si me demuestran objetivamente que una política pública no está dando resultado, hay que cambiarla. Pero con evidencia, no los ensayistas, los que te vienen con una opinión, aunque las opiniones sean casi todas válidas. Y a veces también puedo parecer soberbio, porque como tenés mucho más información parece que apabullás a los otros.

 

Dijiste que los políticos a veces se enamoran de sus errores. ¿De qué errores te enamoraste?

Creí que iban a ser más sencillos algunos proyectos que el gobierno llevaba adelante. Por ejemplo, en el tema de reforma del Estado creo que hicimos una cantidad de cambios estructurales muy grandes. Se reestructuró muy fuertemente el tema de los ministerios, hay mucha mayor capacidad de diseño de políticas que antes y hay una escala salarial mucho más ordenada que antes. Pero cometimos un error muy grande porque no le dimos el relato, el contenido, ni la capacidad política de decir: “Estos son los cambios que tenemos que llevar”. Cometí un error muy grande en algo que es difícil cambiar. Siempre digo lo que pienso y me tengo que cuidar de eso. Y a veces eso es un error. Por eso no doy casi reportajes. Y capaz que es adolescente justificarse diciendo que como yo tengo derecho a decir lo que pienso, entonces lo digo en cualquier lugar y circunstancia. A veces uno puede cometer un error de apreciación o apresuramiento al juzgar una situación o una persona. Trato de juzgar muy poco a la gente, pero juzgo mucho las situaciones. Y a veces por mi forma de ser genero eso de parecer soberbio. Me molesta mucho la ignorancia y “el burro con iniciativa”, como decía Damiani. En la idiosincrasia uruguaya hay una cosa que es horrible: es la falsa humildad. Es el único país en el mundo al que le encanta decir que es humilde y le encanta mostrarse humilde. Hay otra máxima en Uruguay: “El inteligente es el que no habla”. Como yo hablo mucho, soy poco inteligente. No, de repente el que no habla es que no tiene nada para decir. Y soy de los que cree eso. Si tenés algo para decir, hablá. Porque otra cosa que no me parece buena de los uruguayos, es que le damos un valor a lo implícito que no tiene. La política tiene que ser explícita. Si querés decir Gregorio, decí Gregorio. En política, y para la gente, hay que ser clarito. En eso Pepe es recontra transparente.

 

Teniendo a Mujica, que es el mejor comunicador del Uruguay, y teniendo recursos, ¿por qué el gobierno comunica tan mal? Muchas cosas se han hecho y no han trascendido.

Los cambios estructurales que hemos hecho salen todo el tiempo.

¿Por qué estamos tan de moda? ¿Solo por el Pepe? Viene la CEPAL y dice que las políticas públicas en el Uruguay son el mejor ejemplo en América Latina. En un seminario hace dos meses dijeron que las dos experiencias de políticas sociales más exitosas en el mundo eran en América Latina la uruguaya y en Europa la noruega. Vienen de izquierda y de derecha, el Banco Mundial, el Fondo Monetario, Naciones Unidas, el nuevo canciller de Chile dijo que Uruguay es el que más había avanzado en las políticas públicas, en economía, en salud pública, todos hablan de nosotros.

Hicimos políticas públicas de emergencia sin corrupción, que ya en América Latina eso te da un galardón enorme. Los chilenos del equipo de Bachelet vienen a estudiar la sofisticación de nuestras políticas, que no han dado todos los resultados y algunas están un poco atomizadas y hay que coordinarlas mejor, pero han logrado un territorio distinto. Ahora, ¿es suficiente? No, no estamos en el paraíso.

 

¿Se calentó alguna vez el presidente contigo?

Sí, todos los días. El presidente conmigo y yo con él. Discutimos mucho, pero el que manda y decide es él.

 

¿Cómo ves el funcionamiento del gobierno?

Uruguay tiene un atraso institucional brutal. La Presidencia tiene un rol y hay que institucionalizarlo, de jefatura de gabinete, porque el presidente es jefe de gobierno y jefe de Estado. Pero es jefe de gobierno. Y no es que gobierna con los ministros. Eso es una concepción antigua. Los ministros son verticales, nacieron con Bismarck y lo hicieron como oficinas para darle calidad a un tema. En una concepción militar; un tema, un encargado. El mundo ya no se gobierna así. Todos los países tienen ministerios pero se  manejan con proyectos transversales donde hay oficinas de transversalidad que hacen que lo sectorial se amolde a la visión transversal que es la visión integral. Lo que ha pasado después de cien años es que muchos ministerios tienen una fortaleza y una vida institucional propia. No hay nada peor y más conservador que decir: vamos a respetar la institucionalidad. Hay que cambiar la institucionalidad para adecuarla a la flexibilidad y agilidad que necesitamos. Los ministros son gerentes de política, no pueden ser virreyes.

 

¿Hay un costo político electoral por Pluna?

Hay costo político; costo electoral, veremos.

 

¿Por qué dijiste que si fueras Calloia hubieses renunciado?

Respeto su decisión, pero yo hubiese renunciado porque pienso que es lo que hay que hacer. Lo de Lorenzo es correcto y hay que reconocérselo, renuncia para no estar protegido por sus fueros. Calloia no tiene fueros y puede ir a la Justicia como cualquier ciudadano.

 

¿Dónde pensás que estarás el 1º de marzo de 2015?

Espero que en el Senado de la República. La 5005 va a ir a la interna, estamos trabajando con el Frente Unido. Hemos trabajado en el espacio que se ha ido construyendo con la figura de Raúl Sendic, para ir impulsando un cambio y una renovación en la izquierda que creemos que es necesaria. Dentro de cuatro años no va a haber Tabaré Vázquez, ni más Astori, ni más Mujica. Hoy los viejos siguen siendo los que mandan y se lo merecen. La política en términos globales está congelada en esos liderazgos. En cuatro años eso se termina y el gran problema es que los proyectos políticos para lo electoral necesitan construir figuras electorales que tienen que tener liderazgo político. Si en 2015 no estoy en el Senado, estaré volviendo a la vida de antes, Tengo oportunidades de estar en actividades internacionales que me gustan mucho y en otro tipo de desafíos. Pero siempre haciendo política.

 

¿Fumaste marihuana?

Cuando fui adolescente y muy poco. Soy tan acelerado y adrenalínico que no necesito ninguna droga para nada.

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La oposición política mexicana, un discurso vacío y sin sentido

Quienes desde la ideología y la acción política no crean en la diversidad y quieran recuperar, por nostalgia, esencias de un pasado homogéneo y supuestamente idílico, someterán a una tensión indeseable a una sociedad que solo puede ser diversa.

- Blog de Líneas Rojas

 La nueva generación política de México es diversa, pero sufre de problemas comunes, compartidos. Ante ese contexto no existe hoy una respuesta política que movilice las opiniones y voluntades de las y los mexicanos. No existe solidaridad, no existen lugares públicos de encuentro. El debate y discurso político es uno vacío y sin sentido.

Desde la alternancia en el poder ejecutivo de México la oposición se ha centrado en responderle a la derecha: “cualquier cosa que tú hagas, nosotros podemos hacer mejor”. En lugar de preparar opciones político-programáticas para el futuro, los socialistas han intentado hacer exactamente lo mismo que la derecha. 1

A su vez, los socialdemócratas alrededor del mundo han vaciado de contenido su discurso político. José Saramago lo expresa de manera cruel y brutal al decir que “[e]l movimiento [socialdemócrata] que una vez representó algunas de las esperanzas más grandes de la humanidad, ha cesado de jugar este papel con el paso del tiempo. Este movimiento se ha vendido al ala izquierda.”

En este contexto se desenvuelven todas las discusiones políticas en torno a las llamadas reformas del Estado mexicano. En ese terreno se encuentran añejas fuerzas y posiciones anquilosadas en cómodos cotos de poder. Las nuevas generaciones políticas no se sienten representadas y se manifiestan como la antigua oposición lo hizo en su tiempo.

Es justamente aquí, sin embargo, que encontramos uno de los obstáculos más grandes y relevantes para México: ¿son las formas de ayer útiles para resolver los problemas de hoy? Y las respuestas políticas, ¿son aún válidas? ¿Es posible vencer nuestras diferencias y movilizarnos por una meta común que responda a nuestras necesidades?

Por “generación política” me refiero a algo en particular. Las encuestadoras dividen a los mexicanos en generaciones compuestas por intervalos de alrededor de 20 años: los baby-boomers (nacidos a mediados de los 40 a mediados de los 60); la generación X (nacidos a mediados de los 60 a principios de los 80), los millenials o generación Y (nacidos a mediados de los 80 hasta el 2000).2 Sin embargo, políticamente hablando, estas distinciones son arbitrarias.

Para el sociólogo Karl Mannheim, las generaciones nacen a partir de las disrupciones históricas. Es decir, las personas son influenciadas desproporcionadamente por los eventos que ocurren en sus vidas mientras están por salir de la adolescencia y hasta cerca de los 30 años de edad. Durante este periodo -mientras se independizan de sus padres y crean su propio hogar- los individuos tienen una mayor propensión a cambiar de ciudades, religiones, partidos políticos y marca de pasta de dientes.3,4

En otras palabras, lo que define a una generación política es el pedazo particular de historia que a las personas de una generación les toca vivir durante sus años más plásticos. Por ejemplo, a las y los jóvenes mexicanos de hoy se les llama millenials porque entraron en sus años plásticos cuando estaba terminando el siglo XXI. Aunque ello no tiene ninguna relevancia política inherente per se, el cambio de siglo coincidió con una disrupción histórica genuina en México.

Al estrés económico que vivieron las generaciones jóvenes durante la era Salinas de Gortari-Zedillo, se le sumó una crisis institucional y de gobernabilidad durante el periodo en el que la generación política actual entró a su adultez. En un México lánguido de seguridad social y económica, las experiencias educativo-laborales de esta nueva generación han sido espantosas.

Quizás más importante es que ello no ha producido un punto de vista común entre la generación como había sucedido en otros tiempos. Por el contrario, los argumentos son distintos a los de otras generaciones, muchas veces sin respetar los límites ideológicos que se habían mantenido hasta ahora en la arena política. Los jóvenes de hoy tienen poca probabilidad de mantenerse en el marco de juego propuesto por la clase política en la era Gortari-Zedillo.

Sumado a las crisis económicas de la década de los 90 y la firma del TLCAN, se amplió la liberalización comercial durante los periodos de Zedillo y Vicente Fox. Aunque México se ha vuelto hoy uno de los países más abiertos al libre comercio, los continuos problemas financieros del gobierno han inhibido el gasto público necesario en la educación o la investigación básica que proporcione empleos competitivos e industrias innovadoras.

La nueva generación política enfrentó muchos obstáculos para adquirir educación media y superior debido a la sobresaturación del sistema y el poco gasto público en el sector, haciendo su cobertura una de pobre calidad. Además, la generación llegó a insertarse en un mercado laboral que le ofreció desventajas claras con respecto a jóvenes de otros países, en particular de Estados Unidos. Mientras tanto, las reformas legislativas fueron desdibujando su seguridad social y ampliando sus jornadas laborales.

Ante escenarios en otros tiempos que se podrían asemejar a los problemas hoy enfrentados por la nueva generación política, otras generaciones pasadas decidieron unirse. En 1863 Ferdinand Lassalle decía que sólo a través de la unidad podrían los trabajadores ser fuertes: “Debemos unir nuestras fuerzas, nuestras ideas y nuestro coraje”.

En la historia política, el poder siempre ha sido la habilidad de hacer las cosas. La política, la habilidad de decidir cómo hacer las cosas. El día de hoy, el matrimonio entre poder y política se ha desvanecido. Vivimos en un periodo presa de dicho divorcio. Quienes deciden cómo hacer las cosas no son quienes las hacen. El poder se encuentra secuestrado por cúpulas partidistas, corporativos privados y medios masivos de comunicación. El Estado tiene una opinión débil, cuando alguna, y las promesas políticas se vuelven imposibles de cumplir.

Mientras la nueva generación política es una que creció expuesta a la globalización y la diversidad que ella implica, el sistema mexicano es uno que busca aún en sus mayorías regresar a un pasado homogéneo. Ahí donde las fuerzas progresistas deberían promover el respeto a la diversidad y el mantenimiento de los derechos conquistados, junto al reconocimiento de otros nuevos, los partidos de izquierda en México callan.

Por un momento, el movimiento estudiantil #YoSoy132 movió las entrañas del país. Después colapsó. Sin embargo, como argumenta Frances Fox Piven: “Los grandes movimientos de protesta en la historia [...] no se expandieron de forma simple. Más bien, comenzaron en un lugar determinado, chisporroteaban y desaparecieron, sólo para resurgir en quizá una forma diferente, influenciada por particularidades locales de las circunstancias y de la cultura en otros lugares.”5

Es imposible saber si la protesta por la democratización de los medios, la justicia social, la educación o el empleo digno serán tal movimiento. Lo que es cierto es que es poco probable que las fuerzas detrás de los movimientos impulsados por la nueva generación política desaparezcan el día de mañana. Muchas y muchos jóvenes en México sienten hoy que la situación actual les está quitando su oportunidad de tener una vida digna. Si serán capaces de involucrarse en resignificar la política y la agenda progresista está por verse.

Mientras tanto, es inminente que los partidos políticos les atraigan. No con promesas demagógicas o campañas telenovelescas, como se ha hecho hasta ahora, sino otorgándoles poder y ofreciéndoles herramientas para ejercerlo. La transición generacional ofrece una oportunidad de revalorizar y encausar el papel del Estado y de los medios de comunicación. La participación ciudadana, al final del día, mejora con el fomento de mayor participación.

Articulo publicado en Voces Ciudadanas de No. 76 de Iniciativa Ciudadana para la Promocion de la Cultura del Diálogo A.C.

1 Bauman, Zygmunt. “150 Year of German Social Democracy” en Social Europe Occasional Paper. Friedrich Ebert Stiftung, octubre 2013.

2 De la Riva, Gabriela. “Las generaciones en México”. En línea: http://www.terra.com.mx/articulo.aspx?articuloid=1152080

3 Mannheim, Karl. “The sociological problem of generations”. En línea: http://mediaspace.newmuseum.org/ytjpressmaterials/PDFS/ARTICLES_ABOUT_THE_GENERATION/01_The_Sociological_Problem.pdf

4 Schuman, Howard y Scott, Jacqueline. “Generation and collective memories”. En línea: http://www.jstor.org/discover/10.2307/2095611?uid=3738664&uid=2&uid=4&sid=21102730819353

5 Fox Piven, Frances. The Guardian. “Occupy’s protest is not over. It has barel begun”. En línea: http://www.theguardian.com/commentisfree/2012/sep/17/occupy-protest-not-over

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Las excusas para no crear

Pues qué te digo. Yo estoy terminando de llegar a la boca del lobo, al centro del sistema. No estoy seguro de que pueda salir corriendo de aquí. No estoy seguro de que es, tampoco, lo que quiero. A veces me gusta soñar y creer que puedo ser libre. Que en esa libertad absoluta se encuentra la felicidad. Luego me pellizco. Me doy cuenta de que la libertad absoluta es tan o más aplastante que el sistema al que culpamos de nuestra opresión. Mi excusa siempre es el arte. Me digo a mi mismo: Con una libertad absoluta podrías dedicar tu tiempo absoluto a pintar, a bailar, a escribir. No hay excusa más falsa. 
 
Ya sabes. Siempre entre mi persona y mi quehacer artístico estuvo la familia, un trabajo, algo. Algo siempre ha estado en el medio. Y qué harías, me pregunto. Vender tu casa, comprarte un gran estudio donde tenga suficiente espacio y luz. Donde, por primera vez en mi vida, tenga el lugar y el tiempo para crear. No señor, me respondo. Si usted va a crear, lo va a hacer aunque hayas trabajado las 16 horas antes en una mina de carbón. Vas a crear aunque sea en un ínfimo cuarto con tres niños chillando mientras vives de la seguridad social. Vas a crear aunque parte de tu mente y de tu cuerpo no estén ahí. Vas a crear estés ciego, cojo o demente. Vas a crear aunque tengas al gato maullando a tu espalda mientras la ciudad entera tiembla, se bombardea, se inunda o se incendia. 
 
El aire, la luz y el tiempo y el espacio no tienen nada que ver con todo lo anterior. Tampoco ellas per se crean nada excepto, quizás, una vida más larga en la que buscar excusas para no crear. 
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¿Serán lxs latinxs jóvenes la fuerza progresista de EU?

Como ya muchos saben, me he vuelto cliente asiduo de Rachel Maddow y su show. En el último par de programas ha elaborado una tesis sobre los latinos en Estados Unidos y las diferencias ideológicas de los hispanos que migran hacia el norte. El argumento central de la conductora es que los latinos no son como los pintan, y de hecho son mucho más liberales de lo que pensamos. Sin embargo, este argumento me deja al menos dos preguntas nuevas por responder. 

Sin lugar a dudas, explica Rachel, el voto latino en Estados Unidos es algo que ha venido creciendo en los últimos años. Además, ese voto es cada vez más de los demócratas y no de los republicanos. En otras palabras, mientras más latinos votan en el país del norte, menos de esos votos van al partido conservador. Por ejemplo, la tabla 1 refleja el voto de los latinos en Estados Unidos durante las últimas tres elecciones federales. 

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Todo parece indicar que no es sólo que los latinos estén en contra del lenguaje obtuso y agresivo que utilizan los republicanos en torno a la migración -particularmente durante la carrera electoral de Mitt Romney- sino que además los latinos en Estados Unidos están a favor de algunos de los temas progresistas de la agenda como lo son el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto. De hecho, durante las últimas elecciones federales de 2012, el apoyo de este grupo poblacional al matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto fue mucho más alto que entre la población en general (ver tabla 2).

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Quizás aún más importante es el hecho de que los latinos en Estados Unidos parecen estar de acuerdo en casi toda la agenda programática de los demócratas, así como con posturas en temas diversos e incluso con sus valores, y no sólo con las propuestas del partido en el tema de migración. Según el Hispanic Leadership Network, los latinos en cuatro de los estados que cambiaron de color en estas última elecciones están de acuerdo con las propuesta demócratas en materia educativa, de derechos de las mujeres, en valores sociales, con respecto al tema del déficit, lo relativo a las pequeñas empresas, la inmigración y lo que concierne a las clases medias (ver tabla 3).

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Entonces, los latinos en Estados Unidos parecen ser mucho más progresistas-liberales de lo que pensábamos. Y con este contexto en mano, mientras los republicanos han decidido comenzar su discusión con recomendaciones de lenguaje, el discurso de Obama ayer en Las Vegas lleva a su público por una reflexión sobre lo que implica ser estadounidense, utilizando los valores patrióticos del país para generar un mayor sentimiento de empatía para con quienes migran a Estados Unidos. 

Me quedan al menos dos preguntas en mente a partir de este argumento. ¿Es verdad que los latinos en Estados Unidos son tan conservadores como nos han repetido tantas veces? ¿Qué implicaciones tiene que lo sean o no para otros temas relevantes de la agenda?

A pesar de algunos estudios realizados a nivel estatal (ver caso de Texas), los datos demográficos a nivel federal parecen indicar que los latinos son, en su mayoría, mucho más liberales de lo que hemos creído hasta ahora. En California, donde el 38.1 por ciento de la población es de origen latino o hispano, el apoyo de los latinos para Obama superó 70 por ciento. En Arizona, 5 de las 9 curules disponibles fueron a los demócratas, y el 18 por ciento de los votantes son latinos.

Sumado a esto hay que poner particular atención a un grupo poblacional: los latinos jóvenes.  Durante las próximas dos décadas, 50,000 latinos cumplirán 18 años cada mes. Para ser claros, esto significa 50,000 latinos nacidos en Estados Unidos que cada mes se unirán al padrón de votantes del país durante los próximos veinte años. Esto es de vital relevancia porque si bien Obama ganó el voto joven en el país versus Romney (60% vs 37%), los jóvenes latinos mostraron un mayor apoyo aún a Obama (74% vs 23%).

Este creciente voto latino joven, que además es más progresista, puede ser sin duda una fuerza relevante para defender el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto, así como la legalización de la marihuana para uso recreativo. El tema es tan relevante e interesante para los jóvenes que los tres estados que incluyeron un referendum sobre la marihuana incrementaron en 7.6 por ciento la participación de las nuevas generaciones en comparación con otros estados. Ahí, el voto latino juvenil puede ser de mucha ayuda para la agenda progresista. O dicho de otro modo, las implicaciones de que los latinos sean más liberales de lo que se cree puede ser de suma relevancia para varios temas impulsados por la izquierda. 

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